Centro Universitario La Salle Madrid
Álvaro Miranda Guerra 4
profundamente y, pensando en Julieta, comenzó a llorar porque se había dado cuenta que
“no había querido culparse de las cosas que hacia” y además “había necesitado el amor
de Julieta y Cristóbal porque no se había amado a si mismo”. En ese momento lloro sin
consuelo hasta que una luz le ilumino alrededor, era la luz del conocimiento, Merlín le
ayudo a darse cuenta de lo que había conseguido.
Rebeca apareció volando con un espejo que le dió al caballero para que se mirara.
Vio a una “persona encantadora y vital, cuyos ojos brillaban con amor y compasión”, en
vez de alguien triste con su armadura puesta. El caballero no podía creerse que era él, pero
se dio cuenta que había puesto “una armadura invisible entre el y sus verdaderos
sentimientos”. Se dio cuenta que todas las cualidades buenas siempre habían estado ahí. El
Castillo tenía una única habitación y un patio central con un manzano. Ardilla le llevo
hasta allí, en el árbol había una inscripción “por esta fruta no impongo condición, pero
ahora aprenderéis acerca de la ambición”. No les fue fácil entender lo que quería decir el
árbol a ninguno de los tres. Llegaron a la conclusión que los árboles no tienen ambiciones
y, quizás, él tampoco tenia porque tenerlas porque los humanos, a diferencia de los árboles
y los animales, suelen tener ambiciones que provienen de la mente, para conseguir
castillos o riquezas pero, sin embargo, “solo la ambición que proviene del corazón puede
darte además, la felicidad”. El caballero se dió entonces cuenta que debía cambiar, que
sus ambiciones debían provenir del corazón y al pensar eso el castillo y Merlín
desaparecieron y su armadura empezó a caer de los brazos y las piernas, ya solo le
quedaba el peto de su armadura, por lo que se sentía mas ligero.
Capitulo 6: El Castillo de la Voluntad y la Osadía
El último castillo era el más alto de todos y el que tenía los muros más gruesos. El
castillo estaba custodiado por el dragón del Miedo y la Duda, el más grande que él había
visto nunca. Asustado echo mano a su espada, pero no la tenía, asustado llamó a Merlín
pero tampoco apareció. Rebeca le dijo al caballero al oído que “el conocimiento de uno
mismo podía matar al dragón del Miedo y la Duda”, lo que hizo pensar al caballero que el
dragón era solo una ilusión. La primera vez que se enfrentó a él, no tenia este
convencimiento tan seguro y el dragón le quemó con lo que tuvo que huir al arroyo.
Rebeca le dijo que “si te enfrentas al dragón hay una posibilidad de que lo elimines, pero
si no te enfrentas a él, es seguro que él te destruirá”. El caballero se levanto y caminó
hacia al dragón convencido de que “el miedo y la duda son ilusiones”, por lo que a
medida que el caballero se iba acercando, el dragón iba haciéndose cada vez mas pequeño
hasta que desapareció. Al otro lado del castillo se podía ver ya la cima de la montaña.
Capitulo 7: La Cima de la Verdad
La cima debía escalarla. Cuando estaba llegando arriba encontró una inscripción
que decía “aunque este universo poseo nada poseo, pues no puedo conocer lo
desconocido si me aferro a lo conocido”. Estaba demasiado cansado para entenderlo hasta
que se dio cuenta, la voz de su yo se lo dijo, que debía soltarse y precipitarse al vacío.
Finalmente se soltó, y mientras caía recordó todas las cosas de las que había culpado a su
madre, a su padre, a su mujer, sus profesores, su hijo, sus amigos y todos los demás, y a
medida que caía se iba desprendiendo de aquello y aceptando las responsabilidades que
debería haber asumido en su vida. A partir de ese momento “nunca mas culparía a nada
ni a nadie de todos los errores y desgracias”. Se dio entonces un fenómeno, empezó a
caer hacia arriba, “su voluntad de abarcar lo desconocido lo había liberado”.
Repentinamente dejo de caer y se encontró de pie en la cima de la montaña. Permaneció
en la cima con una agradable sensación de bienestar. Su corazón rebosaba amor, por si
mismo, por Julieta, por Cristóbal, por Ardilla y por Rebeca, por la vida y por un mundo