Carlos Paredes
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Exactamente un mes después de haberse producido este ilegal
pedido, que aceptaron los altos ejecutivos de las empresas Obrainsa
y Astaldi —probablemente porque en el Club de la Construcción,
donde contrataban constantemente con el Estado, era usual este
tipo de coimas—, el gobernador Vizcarra tuvo otro pedido menor
pero más urgente: había la necesidad de movilizar de inmediato
a una delegación de altos funcionarios del gobierno boliviano de
Lima a Ilo y viceversa. Vizcarra tenía interés de mostrar a una
delegación boliviana, que estaba de visita en Lima por unos días,
las bondades del puerto de Ilo. La delegación de Bolivia la en-
cabezaba el ministro de Economía Luis Arce Catacora y en su
apretada agenda solo había disponible medio día para atender
la invitación del presidente regional de Moquegua. Hechas las
indagaciones, se supo que no había disponible un vuelo comercial
que se acomodara a su tiempo tan ajustado. Entonces a Vizcarra
se le ocurrió solicitarle al consorcio —que acababa de ganar la
buena pro del proyecto de irrigación Lomas de Ilo, pero aún no
había �rmado contrato alguno— que alquilara un avión privado
«a cuenta de lo pactado». Toda la operación realizada entre los
días 2 y 3 de diciembre del 2013 ha quedado por escrito en varios
correos electrónicos que intercambió el mismo Vizcarra con Elard
Tejeda y su secretaria, la señora Ana María Ellen Vela. Es más,
se han acreditado muchos detalles, como la cotización del precio
del vuelo solicitada a la empresa Aerotransporte S. A. (ATSA), la
factura pagada por Obrainsa (35 985,64 soles), la relación de pa-
sajeros enviada por el mismo Martín Vizcarra desde su cuenta de
correo electrónico o�cial (
[email protected]) y
hasta el tipo de avión que �nalmente se contrató para este vuelo
licitaciones la apertura del primer sobre sirve para buscar el mejor valor en el mercado, por
eso tener el dato del monto referencial es clave.