Aquellos que tienen metas de maestría están
in trínsecamente motivados, buscan tareas
estimu lantes y disfrutan las oportunidades de
desarro llar nuevas competencias. Es menos
probable que tengan miedo a la evaluación
porque ven al maestro como un recurso.
Cuando los estudian tes con una orientación
de maestría se enfrentan a una tarea difícil,
es probable que persistan, que mantengan
una actitud positiva y que busquen
El locus de control puede ser interno (es decir, basado en las
propias características del competidor, tales como capacidad
o esfuerzo) o externos (esto es, debido a factores tales como
la suerte, fuera del control del competidor).
estrategias de solución. Una orientación de
maestría también se ha denominado una
orien tación de tarea por teorías afines. En
cambio, los estudiantes con una orientación
de metas de desempeño están motivados
extrínsecamente. Están más bien
interesados en verse competen tes que en
serlo y tenderán a evitar situaciones en las
que pudieran parecer incompetentes. Las
teorías relacionadas indican que la
orientación del desempeño es provocada por
ambientes que fomentan el ego. Cuando
encaran una tarea di fícil, los estudiantes
orientados al desempeño harán con
frecuencia comentarios sobre su falta de
capacidad, actuarán con aburrimiento o an
siedad, y exhibirán un marcado deterioro en
su desempeño. Dweck llamó a estas
conductas im potencia aprendida. A causa de
su miedo a la eva luación, los estudiantes en
esta categoría quizá traten de ocultar al
maestro su falta de enten dimiento.
Es importante hacer notar que la
orientación a metas de maestría o de
desempeño no son atributos fijos del
estudiante; pueden crearse o producirse en
diferentes grados por el ambiente de
aprendizaje y se han provocado experimen
talmente (Elliot y Dweck, 1988). Por ejemplo,
en un estudio de estudiantes universitarios,
dos grupos desarrollaron niveles muy diferen
tes de comprensión conceptual según si
sabían que les harían una prueba al final del
estudio o que necesitarían dar clases a otros
sobre el ma terial (Benware y Deci, 1984).
Los estudiantes tienen más probabilidades
de desarrollar una orientación de
aprendizaje cuando los maestros destacan
el esfuerzo, el aprendizaje y el trabajo duro,
en vez del desempeño y la obtención de la
respuesta correcta, cuando los errores se
tratan como una parte normal del
aprendizaje, y cuan do la evaluación del
progreso se ve acompañada de
oportunidades de mejorar (Ames, 1992; Sti
pek, 1996).
Tal vez las consecuencias negativas más se
rias de las prácticas tradicionales de
calificación provienen del uso de
comparaciones normati vas. Como ha
indicado Ames (1984), las estruc turas de
clase competitivas hacen que adquieran
36
La evaluación en el aula
importancia las comparaciones sociales y los
jui cios sobre la capacidad. En una serie de
estudios, Butler (1987, 1988), Butler y Nisan
(1986) descu brieron que las calificaciones
que se distribuían normativamente daban
como resultado un inte rés menor, menos
ganas de persistir y un desem peño más bajo
en comparación con los estudian tes que
habían recibido una retroalimentación
sustantiva. En un estudio clásico,
Harackiewicz, Abrahams y Wageman (1987)
descubrieron que la evaluación que se
basaba en normas sociales reducía el
interés en una tarea, en tanto que la
evaluación basada en lograr un nivel
predetermi nado incrementaba el interés. La
conclusión ge neral de Stipek (1996)
respecto de esta literatura fue que la
evaluación, especialmente la de tareas
difíciles, tiende a minar el interés intrínseco.
Sin embargo, la excepción que identificó es
digna de atención y anticipa mis
recomendaciones en
cuanto a las prácticas de calificación: No
obstante, la evaluación sustantiva que
proporciona información sobre competen
cias y una guía para esfuerzos futuros, y
la evaluación que está basada en la
maestría o más bien el dominio que en
las normas so ciales, no tienen, al
parecer, estos efectos ne gativos y