CELEBRACIÓN PRIMERA SEMANA DE CUARESMA
Queridos hermanos:
La Cuaresma, que junto con el Adviento son los denominados ‘tiempos fuertes’ del año
litúrgico, es, esencialmente una invitación a la conversión. San Pablo, en su Segunda carta a los
cristinos de Corinto (segunda lectura del Miércoles de Ceniza) concluye el pasaje diciendo: «Éste es
el tiempo favorable, éste es el día de la salvación.» (2Cor 6, 2). Por eso, la Cuaresma es ese “tiempo
favorable”, el camino o movimiento radical que nos invita a la renovación, al cambio de mentalidad,
a resignificar nuestra identidad cristiana, a la transformación.
Este año, el Papa Francisco ha toma el relato de la liberación del pueblo de Israel de su
esclavitud en Egipto como punto de partida para su Mensaje de Cuaresma 2024: A través del desierto
Dios nos guía a la libertad, y nos dice que cuando nuestro Dios se revela, comunica la libertad: «Yo
soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (Ex 20,2).
Con los signos que a continuación iremos presentando, queremos significar para comprender
mejor este tiempo de gracia que la liturgia nos ofrece:
Color Morado: El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia.
Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio
pascual.
40: La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia,
que nos indica los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el
desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús
en el desierto antes de comenzar su vida pública y los 400 años que duró la estancia de los judíos en
Egipto.
Biblia: Durante este tiempo a Iglesia nos invita a vivir a volver a emprender el camino hacia
Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras
buenas. A vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, así
como:
El perdón y de la reconciliación fraterna: hemos de arrojar de nuestros corazones el odio,
el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos.
El ayuno y la abstinencia: debemos ayunar de las palabras ofensivas y abstenernos de toda
acción que nos aparta del bien y nos conducen a realizar el mal, o desear el mal para nuestro
prójimo.
Pausade silencio
Le pedimos al Señor, que nos ayude a vivir este tiempo con profunda fe y confianza en su gran amor
y misericordia por cada uno de nosotros. Que nos ayude a hacer ese desierto en nuestro corazón, a
mirar nuestra vida hacia dentro de nosotros mismos para reconocer nuestros errores y faltas de amor
hacia Él, y hacia nuestro prójimo, especialmente por los que están más cerca de nosotros y con los
que a diario compartimos nuestra vida.
Terminar con un Padrenuestro y un Avemaría…