En este capítulo se considera la luz, la oscuridad, los astros, la
luna, el sol y las estrellas como fuente inagotable de interés y
curiosidad para los niños. Estos componentes han sido el foco
de interés de los artistas impresionistas, que expresaron en sus
obras una naturaleza plena de luz, color y movimiento. Estos
intereses que hay en común se pueden aprovechar para
introducir a los pequeños artistas en el impresionismo.
La propuesta consiste en observar con atención los cambios que
se producen en un mismo paisaje en distintos momentos del año
(de día, de noche, en primavera, verano o invierno, entro otros).
Para lo anterior, se ubicó una ventana por la que se podían ver el
lago, árboles y un poco del cielo. Los niños salieron al aire libre,
con un marco y buscaron recortes de paisajes donde reconozcan
lo que se había observado por la ventana, para que luego, ellos
mismos propusieran un tipo de ventana distinta, en la que
eligieran el paisaje que ellos querían mirar. Luego observaron
cómo distintos artistas pintaban el día y la noche, y las
estaciones del año, para que más adelante, ellos mismos
realizaran sus propias versiones de un mismo paisaje. Con lo
anterior, podemos concluir, que una mirada atenta al paisaje, es
una mirada a una trama cultural.
Por otra parte, se da a conocer el arte en el siglo XIX, el cual se
caracteriza por la necesidad de expresar pasiones y
sentimientos; el siglo de la Ilustración y de la Revolución
Industrial. Los estilos artísticos, que a continuación se
mostrarán, contrastan fuertemente con el ideal de belleza del