HISTORIA DE MANZANARES
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fanegas de tierra de sembradura en el Cuarto Alto y las ocho eras que había junto al
castillo y que han subsistido hasta hace unos pocos años. Los ingresos se redon-
deaban con la exacciones señoriales vinculadas al diezmo; de él correspondían a la
encomienda dos terceras partes del diezmo de la producción de cereales y vino de
Manzanares, Moratalaz y Aberturas y El Peral, dos terceras partes del diezmo de ga-
nados, queso y lanas de Manzanares, 15 de lo producido por los molinos del Azuer,
el diezmo entero de huertas y azafrán, lino, cáñamo y los mostrencos encontrados.
Todo esto daba un valor anual a la encomienda que metódicamente era registrado
en las visitas. Así por ejemplo, en 1511 estaba valorada la encomienda en 271.880
maravedíes, en 1562 en 4.939.735 de maravedíes, en 1616 en 6.000.000, en 1630
bajó a 2.437.500, en 1712 eran 2.698.878 y en 1809 en la desorbitada cantidad de
13.233.000 maravedíes. Estas variaciones tan bruscas hicieron que se la conociera
como la “encomienda loca”, pero a pesar de ello siempre fue codiciada por la aristo-
cracia militar y de servicio del reino de Castilla.
Los propietarios de la encomienda de Manzanares a lo largo de los seiscientos
años de su existencia respondieron a tres perfiles diferentes. En una primera fase,
que podríamos denominar medieval, fueron caballeros guerreros de la Orden de
Calatrava; desde la última década del siglo XVI hasta 1733, nuestra encomienda fue
concedida a miembros muy destacados de la aristocracia militar y nobiliaria caste-
llana y, en una tercera fase, hasta la extinción en 1836, correspondió la encomienda
a infantes Borbones o a los reyes mismos, como fue el caso de Fernando VII y su
sucesora.
De los tiempos medievales conocemos como comendadores a Blasco Núñez, que
lo fue al menos entre 1284 y 1295, a doña Urraca Fernández, que era “propietaria”
en 1351, a doña Elvira de Guzmán, que lo era en 1423, a don Fernando Padilla en
1407 y, después, en 1443, a Pedro de Ulloa en 1444, Alfonso Muñoz en 1459, Pero
Núñez de Guzmán en 1482, Alonso de Ávila entre 1484 y 1491 y don Gutierre de
Padilla, comendador hasta 1497. Sorprende la presencia de dos mujeres al frente
de la encomienda, pero nótese el concepto de propietarias, no de comendadoras,
es decir, recibían, posiblemente por su condición de viudas de comendadores, los